Descubrimiento nocturno
Anoche me despertó un ruido que venía de la biblioteca. Me levanté a ver de qué se trataba y descubrí al sillón-hamaca, balanceándose solo. Me senté en él para hamacarnos juntos, ya que ambos estábamos desvelados, pero, el muy mañoso, decidió quedarse quieto. Me levanté con ánimo de irme y empezó a hamacarse de nuevo. Intenté un par de veces más con idéntico resultado, antes de decidir que era mejor regresar a la cama. ¡Va a ser duro, convivir con un sillón que se ha vuelto adolescente!
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