Mi madre y las habichuelas mágicas
Una pastilla blanca para la tiroides y otra amarilla grande, para la hipertensión; una blanca larga como un jaboncito rectangular, para la gota; una bordó, vitaminas; una blanca ovalada, ansiolítico; otra verdecita, antidepresivo; la mitad de una color rosa, para los nervios; una celeste, de magnesio; otra blanquita ovalada para el colesterol, una blanca redonda para domesticar el apetito y la última, de calcio. Las siembra desde que se levanta hasta que vuelve a acostarse, en su organismo.
Una a una, van marcando el transcurso del día. La conducen por andariveles seguros hasta una meta que no alcanzaría sin ellas. Cuando se duerme se disipa la magia. Al día siguiente despierta igual que el anterior y tiene que empezar de nuevo.
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