Penélope
Penélope teje y desteje. Todas las mañanas, los pretendientes cruzan miradas de complicidad frente a las hebras cada vez más raídas de su labor. Ellos comen, beben y disfrutan de la buena vida.
¿Quién puede querer casarse con una mujer que ya lleva veinte años esperando a un esposo anterior y con semejante neurosis obsesiva a cuestas?
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